II.5.1. Técnicas endoscópicas de evaluación de recurrencia posquirúrgica

Dra. Pilar Nos Mateu
Hospital Universitari i Politècnic La Fe. Valencia

 

SEGUIMIENTO DEL PACIENTE INTERVENIDO POR ENFERMEDAD DE CROHN

La enfermedad de Crohn (EC) es una enfermedad crónica intestinal de causa desconocida que afecta a un número cada vez más creciente de pacientes. A pesar de que se dispone en la actualidad de fármacos potentes que han demostrado su eficacia en el control de la actividad inflamatoria, un alto porcentaje de pacientes con EC, hasta el 80 %, requieren de al menos una cirugía resectiva durante el curso de su enfermedad, principalmente para el tratamiento de las complicaciones asociadas, sobre todo la estenosis sintomática y la intratabilidad1. La enfermedad tiende a reaparecer incluso tras la resección de todo el tramo intestinal macroscópicamente afecto, por lo que la recurrencia posquirúrgica es prácticamente la norma en estos pacientes, y constituye un verdadero problema para el control de la misma. El término “recurrencia” se utiliza para definir la aparición de nuevas lesiones de EC tras una resección intestinal quirúrgica teóricamente curativa, a diferencia del término “recidiva”, que hace referencia a la reaparición de sintomatología clínica en el contexto de un brote de actividad inflamatoria2.

La recurrencia posquirúrgica se localiza frecuentemente en la zona de la anastomosis y/o proximalmente a la misma, reproduciendo el mismo patrón inicial de la enfermedad3 (vídeo 1 y vídeo 2). La tendencia a la recurrencia es mayor en la EC de localización ileocolónica (L1 y L3 de la Clasificación de Montreal), en comparación con otras localizaciones. Su incidencia varía según las series publicadas y según el tipo de recurrencia considerada (endoscópica, clínica, radiológica o quirúrgica), pero siempre tiende a ser elevada. Se estima que, en ausencia de tratamiento, más del 60 % de los pacientes operados presentan lesiones endoscópicas en el neoíleon terminal al año de la cirugía3-5 y la recurrencia clínica sin tratamiento se presenta hasta en un 20-30 % de los pacientes al año, tras una resección ileal o ileocolónica, con un incremento del 10 % en cada año posterior6-7. Se ha demostrado que la gravedad de las lesiones endoscópicas muestra una buena correlación con la probabilidad de presentar síntomas de la enfermedad. De hecho, los síntomas suelen aparecer cuando el paciente ya presenta lesiones endoscópicas graves y no es infrecuente observar pacientes con lesiones de recurrencia bastante avanzadas que todavía permanecen asintomáticos8. Por ello, los índices clínicos como el Crohn´s disease activity index (CDAI) presentan una sensibilidad baja a la hora de discriminar a los pacientes que pueden presentar una recurrencia.

 

 

 

Múltiples estudios han tratado de establecer cuáles son los factores de riesgo potenciales para el desarrollo de recurrencia en la EC. Entre los que han demostrado, en la mayoría de los estudios, ser predictivos de una recurrencia precoz tras la cirugía se incluyen7-8:

    • El tabaquismo activo.
    • La historia de resección intestinal previa.
    • El patrón penetrante o fistulizante de la enfermedad.
    • La resección extensa de intestino delgado.

La ausencia de tratamiento profiláctico también se ha asociado con un mayor riesgo de recurrencia, aunque la recomendación de administrar profilaxis de forma generalizada a todos los pacientes tras la cirugía continúa siendo controvertida. Puesto que las tasas de recurrencia son muy elevadas, y que no disponemos en la actualidad de ningún marcador o índice predictivo validado que nos permita distinguir a los pacientes que pueden permanecer largo tiempo asintomáticos, se tiende a dar tratamiento de forma prácticamente universal a todos los pacientes tras la cirugía. No tratar puede ser una opción válida en aquellos pacientes considerados de “muy bajo riesgo” de recurrencia como los intervenidos tras una estenosis fibrótica sintomática corta de larga evolución que ha cursado de forma indolente. En estos casos, es preciso incidir aún con más necesidad, en el control morfológico.

La monitorización clínica no constituye un método fiable para la evaluación de la recurrencia, ya que determinados síntomas en el contexto posoperatorio (como la diarrea secundaria a malabsorción de sales biliares, el sobrecrecimiento bacteriano, o el síndrome de intestino corto tras resección intestinal extensa) pueden interpretarse de forma errónea como una reaparición de la enfermedad. Además, como ya se ha comentado anteriormente, no disponemos hasta el momento de índices clínicos que hayan sido validados en este subgrupo específico de pacientes. El tratamiento de prevención de la recurrencia no está universalmente establecido e incluso se ha sugerido recientemente realizarlo de forma personalizada9-11. Se recomienda revisar endoscópicamente la vertiente ileal de la anastomosis para asegurar el mantenimiento de la curación mucosa o detectar estados de recurrencia morfológica precoz que precisen de una escalada terapéutica o una intensificación del tratamiento12 (fig. 1).

 
FIGURA 1. Seguimiento del paciente con resección ileal según el riesgo de recurrencia.
 

ILEOCOLONOSCOPIA EN EL SEGUIMIENTO POSQUIRÚRGICO DE LA ENFERMEDAD DE CROHN

La ileocolonoscopia continúa siendo en la actualidad la técnica más utilizada para el diagnóstico de la recurrencia morfológica, considerada el patrón oro de valoración, permite definir la presencia y gravedad de la misma, así como predecir el curso clínico postquirúrgico de la enfermedad. Las lesiones recurrentes aparecen invariablemente en la vertiente ileal de la anatomosis. El afta es la lesión inicial, viene precedida de cambios inflamatorios en la submucosa y tiende a la progresión hacia úlceras. Estas posteriormente confluyen, se hacen más profundas y pueden dar lugar a fistulizaciones, fibrosis y estenosis. En resumen, su evolución remeda y reproduce la historia natural de la EC. Los estadios de lesión morfológica más avanzada son, habitualmente, sintomáticos.

Toda esta secuencia de acontecimientos desarrollados en el neoíleon se conoce desde los estudios del grupo de Lovaina del Dr. Paul Rutgeerts. En 1984, se publica en Gut el estudio inicial en el que se sistematiza el control endoscópico de la enfermedad con la observación seriada, tras la resección, del neoileón13. Se considera recurrencia la presencia de úlceras aftosas y no la hiperemia o la fragilidad de la mucosa. En este estudio se objetiva que pueden aparecer lesiones endoscópicas significativas en ausencia de síntomas, particularmente en los estadios iniciales de la enfermedad. En 1990 se publica el famoso índice de Rutgeerts (iR) considerado el patrón oro de la cuantificación de las lesiones recurrentes3.

En los pacientes con lesiones graves (iR 3 y 4), la longitud del intestino afecta era de una media de 22 cm (10-55 cm) y los pacientes con lesiones más leves (iR 1 y 2) de 8 cm (2-15 cm). Es por ello nuestra opinión que, si los 10-15 primeros cm neoileales son normales, la observación de lesiones aisladas más allá no debe ser considerada como recurrencia y solo ha de entenderse como tal la que se desarrolla en clara relación de vecindad con la anastomosis quirúrgica (fig. 2). El iR ha sido utilizado en los ensayos clínicos controlados que han valorado distintos fármacos: aminosalicilatos, budesónida, azatioprina, metronidazol o infliximab en la prevención de la recurrencia posquirúgica, habitualmente considerando recurrencia morfológica un iR ≥ 214 (vídeo 3 y vídeo 4).

 
FIGURA 2. Anastomosis quirúrgica.
 

 

 

En los últimos años se ha sugerido que se debe establecer una clara diferenciación en el iR 2 entre las lesiones extendidas a lo largo del neoíleon y las confinadas a la anastomosis15. Esto se debe a los posibles mecanismos isquémicos implicados en la aparición de estas úlceras y a que no son exclusivas de la EC16. Con este argumento, se han considerado como iR 2a las lesiones confinadas a la anastomosis (fig. 3) y, como iR 2b, las aftas continuas agrupadas en la vecindad de la anastomosis pero a lo largo del neoíleon (fig. 4), probablemente las auténticas recurrencias.

 
FIGURA 3. Lesión aftosa en la anastomosis.
 

La probabilidad acumulada de permanecer libre de recurrencia endoscópica bajo tratamiento con azatioprina es mayor para los pacientes con estas lesiones al compararlos con los pacientes con lesiones más graves iR 2b, 3 y 415. El ensayo clínico más reciente que valora la azatioprina frente a la mesalazina en la prevención de la recurrencia posquirúrgica ya utiliza esta variación de la clasificación de Rutgeerts y considera recurrencia morfológica significativa un iR ≥ 2b17.

La cuantificación del iR no es tan simplista como parece. En ocasiones se detectan estenosis con componente inflamatorio que son difíciles de distinguir de las auténticas estenosis posquirúrgicas, y solamente la visualización de la mucosa ileal tras la dilatación, que debe realizarse en condiciones de seguridad, puede permitir la cuantificación de las lesiones (fig. 5).

 
FIGURA 4. EC. Recurrencia posquirúrgica.
 
FIGURA 5. EC. A. Recurrencia posquirúrgica. B. Dilatación estenosis EC.
 

CÁPSULA ENDOSCÓPICA EN EL SEGUIMIENTO POSQUIRÚRGICO DE LA ENFERMEDAD DE CROHN

La cápsula endoscópica es un instrumento diagnóstico, mínimamente invasivo y de utilización sencilla, que permite el estudio morfológico del tubo digestivo y, en especial, de las zonas que no se alcanzan mediante la endoscopia convencional (la casi totalidad del intestino delgado). Contiene en su interior una lámpara, una cámara de color, baterías y un transmisor de radiofrecuencia. La cámara capta dos imágenes fotografías por segundo que son transmitidas a una grabadora (sistema Holter) donde quedan almacenadas. Finalmente, la cápsula se elimina con las heces. Las imágenes adquiridas (unas 55.000) se visualizan en una estación de trabajo (ordenador personal con software adecuado).

En los pacientes con EC en los que se sospeche estenosis es conveniente que se realice previamente una exploración mediante un instrumento de aspecto y volumetría idéntica a la cápsula y que permita minimizar los riesgos de la ingestión de la misma: sistema Patency. Este evalúa la permeabilidad funcional del intestino delgado; la cápsula Patency está compuesta por un polímero con bario en cuyo centro se aloja una barra de 2 x 12 mm radiopaca que transmite radiofrecuencia y que puede detectarse por un detector o puede visualizarse en una radiografía simple. La cápsula se desintegra por una de las cabezas del dispositivo, frente a los fluidos intestinales tras 24-48 horas, para no retenerse en una estenosis. Se han publicado casos de crisis suboclusivas hasta en la quinta parte de los pacientes sometidos a este dispositivo18; por ello, se ha diseñado una nueva cápsula (Agile®), que se desintegra desde los dos extremos del dispositivo, para asegurar dicha desintegración aunque una de las cabezas quedara enclavada en una estenosis19.

Existen evidencias de series que demuestran la utilidad de la cápsula endoscópica en el diagnóstico de la EC en pacientes con alta sospecha clínica, pero sin datos radiológicos o en colonoscopia que lo confirmen. No hay tanta evidencia acerca de la utilidad de la cápsula en el control evolutivo de los pacientes. Solo existen dos estudios que han comparado su utilidad frente a la colonoscopia en la valoración de la recurrencia posquirúrgica con resultados dispares20,21.

El primero de ellos20 refirió que la cápsula endoscópica tenía menor sensibilidad que la ileocolonoscopia en la detección de recurrencia posquirúrgica. En el segundo, los resultados fueron superiores para la cápsula21, especialmente porque etiquetaba como iR 2a muchos pacientes que habían sido etiquetados como iR 1 mediante la ileocolonoscopia. Además, permitía completar la información, pues se visualizaba la totalidad del intestino y se detectaban lesiones en tramos superiores en más de la mitad de los pacientes. Este último estudio se realizó con Patency previa para minimizar la posibilidad de impactación, y también se incluyó una valoración subjetiva por parte del paciente de la técnica; todos los pacientes prefirieron la cápsula endoscópica frente a la colonoscopia. El impacto terapéutico fue elevado, pues el tratamiento se modificó en 16 pacientes de los 22 valorados con el resultado de la cápsula endoscópica al aportar información más exhaustiva, no solo del neoíleon, sino también del resto del intestino delgado. Estos resultados discordantes es posible que se deban a la longitud del tracto explorado con la ileoscopia. El tipo de anastomosis realizada dificulta en muchas ocasiones la posibilidad de intubación y progresión en neoíleon y el hallazgo de un afta más puede clasificar al paciente en un iR 1 o iR 2, dependiendo de la extensión visualizada alcanzada.

 

CORRELACIÓN CON ÍNDICES CLÍNICOSY OTROS ESTUDIOS DE IMAGEN

El CDAI es el índice clínico más utilizado en la cuantificación de la actividad inflamatoria de la EC22. Ha sido utilizado en numerosos ensayos clínicos controlados para clasificar al paciente como “activo” y para definir la remisión. El CDAI incluye ocho variables, siete de ellas clínicas (número de deposiciones, dolor abdominal, estado general, presencia de manifestaciones extraintestinales, ingesta de antidiarreicos, masa abdominal y peso) y solo un parámetro analítico (hematocrito). Por ello, es un índice más de gravedad clínica que de actividad inflamatoria. La puntuación final obtenida establece una gradación numérica de la enfermedad que permite discernir pequeños cambios dentro de una misma categoría, algo de lo que adolecen los índices cualitativos.

Entre las muchas críticas recibidas por el CDAI, está su elevada subjetividad y por ello su alta variabilidad interobservador; así, la puntuación asignada a un mismo caso por distintos facultativos sufre importantes oscilaciones. Además, la cuantificación de la EC por el CDAI precisa de 7 días y resulta poco práctica para ser aplicada al enfermo ingresado. Como variables objetivas no incluye la velocidad de sedimentación globular (VSG), la proteína C reactiva (PCR) ni la albúmina, que podrían ser importantes para cuantificar la actividad inflamatoria. El dolor abdominal y el estado general, datos demasiado subjetivos y por lo tanto mal cuantificables, tienen un peso del 39 % del valor de la ecuación. Si el paciente ha sido intervenido es aun más difícilmente aplicable, pues el número de deposiciones en el sujeto operado puede no expresar actividad inflamatoria y ser secundario, como ya se ha comentado previamente, a fenómenos de diarrea por sales biliares o de sobrecrecimiento bacteriano, e incluso ser una consecuencia misma de la resección intestinal. Esto es también así para la toma de antidiarreicos, que muchos pacientes intervenidos llevan a cabo en ausencia de actividad. Habitualmente, se considera un individuo con actividad moderada un CDAI ≥ 220 y se estima remisión un CDAI < 150. Un descenso de 70 puntos se considera respuesta (remisión parcial). En los estudios farmacológicos de prevención de recurrencia se ha utilizado, en ocasiones, como definición de recurrencia clínica valores de CDAI > 25023,24.

Con todo ello, se ha insistido en la necesidad de reproducir y validar el CDAI en la situación de recurrencia clínica14 y, recientemente, este concepto ha sido valorado de forma prospectiva25. El estudio Canadian and American Surgical Crohn´s Disease Trial (CAST) valoró las tasas de recurrencia según el tipo de anastomosis quirúrgica realizada sin observar diferencias entre los grupos26; realizaba un seguimiento prospectivo que incluyó el cálculo del iR, del CDAI y del cuestionario de calidad de vida IBDQ a los 12 meses de la cirugía26; 93 pacientes completaron el seguimiento y, en ellos, se pudo documentar mediante el estudio estadístico con curvas ROC que un CDAI > 148 tiene una sensibilidad del 70 % y una especificidad del 81 % en la detección de recurrencia posquirúrgica. El estudio concluye que, aunque el valor clásico de CDAI > 150 parece razonable, para definir la recurrencia clínica posquirúrgica es deseable añadir en los ensayos clínicos la combinación de evidencia endoscópica de reaparición de lesiones además de los síntomas clínicos, que pueden ser cuantificados con el clásico índice clínico. Estos datos han sido posteriormente rebatidos aunque, en una serie corta de pacientes (n = 24), la correlación entre el CDAI y el iR fue muy pobre, con un coeficiente k de 0,1227.

Históricamente, los pacientes con EC han sido evaluados mediante técnicas radiológicas baritadas, bien con simple contraste o bien mediante enteroclisis. Inicialmente, se consideró que los estudios clásicos con bario eran complementarios a la cápsula endoscópica en la valoración de la recurrencia, en los casos en los que existieran estenosis o dificultades técnicas que impidieran el paso de la misma28. Con la visualización de todo el intestino delgado mediante cápsula endoscópica y, sobre todo, con la generalización de la resonancia para valorar lesiones y su actividad, los estudios con bario han caído en desuso.

Actualmente, la resonancia magnética entérica es una técnica posicionada para la exploración del intestino delgado, no invasiva, que permite la visualización del intestino delgado y que, con la visualización del realce de la pared intestinal, realiza una aproximación muy adecuada a la intensidad del proceso inflamatorio29. La resonancia ha sido comparada con la ileocolonoscopia en un estudio realizado en 30 pacientes con sospecha de recurrencia posquirúrgica30 (vídeo 5). Este estudio también desarrollaba un índice (MR score) para cuantificar la gravedad de la recurrencia. Comparado con la ileocolonoscopia (iR), la resonancia tuvo una sensibilidad del 100 % con una especificidad del 89 % para la detección de recurrencia morfológica y el MR score se correlacionó adecuadamente con el iR con una variabilidad interobservador adecuada (78 %) y un coeficiente k de 0,673. En un estudio posterior independiente, los mismos autores confirman estos resultados en 29 pacientes cuya mediana desde la intervención era de 35 meses, y en los que la ileocolonoscopia y la resonancia fueron realizadas en un intervalos de tres días31. La correlación es mayor para iR 3 y 4 (fig. 6) y la enterorresonancia no proporciona la suficiente información para diferenciar entre iR 1 e iR 2 con lo que ambos se consideran en el mismo apartado de MR score, MR1. Esto es trascendente porque es lo que marca la diferencia en los ensayos clínicos entre lo que se considera recurrencia significativa y no significativa y enlaza con lo comentado con las distintas situaciones morfológicas y endoscópicas que se consideran en el iR 2.

 

 
FIGURA 6. Enfermedad de Crohn. Recurrencia posquirúrgica grave iR 3.
 

MARCADORES BIOLÓGICOS. VALOR EN LA DETECCIÓN DE RECURRENCIA POSQUIRÚRGICA

El primer estudio donde se valoraron los nuevos marcadores fecales lactoferrina y calprotectina en los pacientes intervenidos fue uno transversal que detectó que estos podían permanecer elevados aún en ausencia de recurrencia clínica32. Los autores consideraron que ello podría deberse a la presencia de enfermedad activa, no resecada o de inflamación microscópica persistente y el valor de este hallazgo no tendría especial trascendencia.

En estudios posteriores se ha valorado esta situación de forma prospectiva en 50 pacientes intervenidos de los que 39 tenían al año una recurrencia endoscópica (iR > 1)33. Un valor de calprotectina > 200 al tercer mes de la intervención mostró una alta sensibilidad (63 %) y especificidad (75 %) para predecir la recurrencia morfológica al año y, en este estudio, la calprotectina fue superior a la ecografía, cuya sensibilidad y especificidad fue de 26 y 90 % respectivamente para predecir dicha recurrencia. Estos resultados son similares, en un estudio prospectivo realizado en 35 pacientes, donde los valores de calprotectina a los 3 y 6 meses, con punto de corte de 200 y 350 respectivamente, eran predictores de recurrencia morfológica (cuantificada por endoscopia con iR > 1 o enterorresonancia con MR > 1)34.

Estos marcadores fecales podrían tener mayor valor predictivo que los marcadores serológicos más clásicos. Así, en otro estudio, una cohorte posoperatoria de 13 pacientes se siguió prospectivamente durante un año con calprotectina fecal y lactoferrina fecal35. Además, en un segundo grupo de 104 pacientes intervenidos (con una mediana de 24 meses después de la resección) se analizó una sola muestra de heces. Las determinaciones fecales se compararon con el índice clínico de Harvey Bradshaw, el examen endoscópico del neoíleon (iR), los valores de PCR y la cuantificación de plaquetas. En los pacientes con un curso sin complicaciones, ambos marcadores fecales se normalizaron en el plazo de 2 meses. Tanto la calprotectina como la lactoferrina se correlacionaron significativamente con el índice de Harvey Bradshaw (p < 0,001). Los pacientes con enfermedad activa grave tenían altos niveles medios de calprotectina de 661,1 µg/g y lactoferrina de 116,6 µg/g y los pacientes inactivos tenían niveles bajos 70,2 y 5,9 respectivamente. En los pacientes con enfermedad activa leve o moderada estos marcadores identificaron individuos con y sin enfermedad inflamatoria recurrente. Los marcadores fecales fueron más precisos en la predicción de actividad de la enfermedad que la PCR, el recuento de plaquetas e incluso que el aspecto endoscópico. El número de pacientes en los que se realizó endoscopia fue limitado, pero el estudio abre el debate sobre la relación entre estos marcadores, la inflamación subyacente, que puede no dar cambios mucosos, los cambios endoscópicos y, lo que es más importante, su significado pronóstico.

 

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